Los lunes.

«Funciono así. Nunca he sido de costumbres, sino de rachas. Puedo pasar un par de años sin subirme al escenario y sin echarlo de menos.

A mí me sacude más la necesidad de escribir. Y lo que hago todos los días: leo siempre un par de horas. Incluso más en las giras, porque, como mi voz está como está, entre concierto y concierto estoy mudo. Mudo quiere decir mudo. Sin hablar.

Entonces, ¿qué hago para no pegarme un tiro? Leer. Me entero bien de la política de los sitios donde estoy, leo las últimas novedades, a los poetas viejos que aún no había conseguido. La borrachera del último día se la puede imaginar».

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«Y el lunes al café del desayuno vuelve la guerra fría y al cielo de tu boca el purgatorio y al dormitorio el pan de cada día».

«Cada lunes me cuesta más trabajo poner en hora mi caricatura, entre la multitud y la locura mi corazón anda volando bajo».

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«Esta necesidad de necesitarte, este llamarte sin quererte llamar, este olvidarme del deber de olvidarte, este lunes, este martes y el miércoles que vendrá».

«Y si quieres también, puedo ser tu trapecio y tu red, tu adiós y tu ven, tu manta y tu frío, tu resaca, tu lunes, tu hastío».

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