Leslie y Joaquín.

Cuenta la leyenda:

«Yo tenía una novia inglesa, con la primera y más gloriosa minifalda que se vio jamás en Granada. Aproveché un regreso suyo para largarme a Londres con ella y vivir allí siete años. Me fui, literal, sin un duro.
Leslie, que era un pedazo de tía con la que todo dios se hacía pajas, era bastante hippie y tenía un padre surafricano, profesor universitario, que acogía a surafricanos en su casa y también a mí. Pero los surafricanos no se tiraban a su hija, por lo que a mí me trataba con un desprecio infinito. Hacía la comida para los surafricanos, pero no para mí.
Para él, yo era un beduino del sur del Magreb. Siempre me ha gustado acostarme tarde; me pasaba la noche echando polvos y leyendo, y el gran hijo de puta me despertaba a cacerolazos a las nueve de la mañana.
Antes de todo esto, Leslie me dijo: “La única forma de que te respete es que te enfrentes con él y pelees”.
Y así lo hice. Pero seguía puteándome. A mí me interesaba la música clásica, y en una ocasión en que íbamos a escuchar un concierto de Brahms, el padre le dijo a Leslie: “Pero ¡cómo vas a llevar a este hombre a escuchar a Brahms si es absolutamente imposible que lo entienda!».

Tal vez te interesa… Isabel y Joaquín.

Comparte

Share on facebook
Share on twitter
Share on google
Share on tumblr
Share on telegram
Share on whatsapp
Share on email