¿La “Princesa” de Sabina existe?

IMAGEN TOMADA DE LAS REDES SOCIALES.

• Casi cuatro décadas después de componer la canción, EL ESPAÑOL reconstruye la vida de la joven que inspiró al cantautor de Úbeda.
• La chica, hija de un húngaro que huyó de Stalin y de una española que abandonó el régimen de Franco, nació en Inglaterra.
• Se mudó a España de adolescente. Conoció a Sabina en Logroño. Era 14 años más joven que él. “Nunca sufrí una sobredosis ni robé una farmacia”.

“Vi algo en el tío que me cautivó; era ingenioso e irreverente, tanto en sus letras como en la vida real, y muy cariñoso al mismo tiempo. Estaba casado, pero eso no impidió que tuviéramos un amorío. Sus otras relaciones no eran asunto mío, pensaba yo. Duró un año más o menos, de forma intermitente porque él vivía en Madrid y yo en Logroño. Un par de años más tarde sacó el tema Princesa…”, dice la mujer que inspiró la mítica canción del cantautor jiennense. De aquello hace ya casi 40 años.

Se llama Arianne Sved. Nació en 1963 en Harrogate. Es la musa de carne y hueso en la que Sabina se inspiró para escribir su “Princesa”. Incluyó el tema en su cuarto disco, Juez y Parte (1985). La letra habla de una chica enferma y adicta a las drogas de la que Sabina ya se había desencantado un par de años antes.

“En realidad, era una belleza pintada por Botticelli (…) con la que me acostaba cuando iba a Logroño, y con la que alguna vez me fui a un pueblecito perdido a pasar un fin de semana. Luego se vino a Madrid y fue cayendo en picado. Eso llevó a la heroína y en ese momento hice la canción”, cuenta en su libro. “Afortunadamente, esa chica, que vivió momentos muy malos, tengo entendido que ya está bien y me alegro mucho por ella”.

Sí, la princesa ya salió de la heroína. Fue al poco de dejar verse con el cantautor. En la actualidad tiene 55 años y reside en Barcelona junto a su marido, Michael, un americano con el que vivió en Los Ángeles y Miami algunos años. Ahora trabaja como profesora particular de inglés y como traductora.

Arianne nunca imaginó que de vuelta a Logroño, conociese a un joven canijo y de voz rota nacido en Úbeda. Se llamaba Joaquín y ya daba conciertos por toda España.

Aquel flechazo duró “un año más o menos”. Sabina iba y venía a Logroño desde Madrid, donde convivía con la que por aquel entonces era su mujer, Lucía Inés Correa, una argentina que había conocido en Londres durante su exilio.

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“La canción habla de mí, básicamente, aunque Sabina se permitió mucha licencia artística en la letra. Por suerte, nunca sufrí una sobredosis ni robé una farmacia como la protagonista de la canción. Conseguí desengancharme a tiempo”.

“La relación amorosa con Sabina terminó pero nuestra amistad continuó cuando me mudé a Madrid”.

“Después de escrita, tardé mucho en cantarla y grabarla porque pensé que se me había ido la mano en el tono agresivo contra la chica”, reconoció años después el propio Sabina. “Fue el público quien la impuso. Hoy es insustituible en mis conciertos”, dijo el cantante que se escapaba algunos fines de semana junto a su joven amante para acostarse con ella en camas de hoteles perdidos.

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