Interpretación de “Tiramisú de Limón”.

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Interpretación de “Tiramisú de limón”, una de las canciones metafóricas más apabullantes de la discografía del genio de Úbeda. Parte del disco “Vinagre y rosas”.

Estamos seguros que los miles de Sabineros la escogerían como su tema favorito. Para mí, de todos -y son muchos- los buenos que tiene, “Tiramisú de limón” es cum laude.

De hecho, fue la canción con la que el genio de Úbeda quiso adelantar su trabajo “Vinagre y rosas”, publicado en 2009.

No en vano, el cantautor español por antonomasia -con el permiso de su amigo, el mayestático Joan Manuel Serrat- se cansó de dar las gracias a todos los compradores de la edición física del álbum.

“Tiramisú de limón: La masterclass en el amor de Sabina y Pereza”.

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Tiramisú de canción es un tema de medio tiempo, compuesto por Joaquín Sabina y Benjamín Prado, que arranca con el acordeón de César Pop y los coros del propio Joan Manuel Serrat, Pancho Varona, Antonio García de Diego y Guti. Además, tuvo la producción de Leiva y Rubén Pereza. Palabras mayores.

De modo que, sí o sí, este sencillo tenía que triunfar. Si bien, a mi modesto entender, no lo hizo del modo que debería.

¿De qué va Tiramisú de limón?

La canción habla de liberación, de una ruptura liberadora que encalla una relación tormentosa. Ese tipo de relaciones que arrasan corazones al principio, dejan cicatrices, así como cenizas, que por suerte al final son barridas.
Relaciones, en fin, que acaban liberando a esos seres con los que arrasa.
Sabina echa mano de lápiz y papel para hacer ejercicio descriptivo sobresaliente que viene a responder del Sabina que todos conocemos, el maestro del costumbrismo a la hora de trazar composición. El mejor reflector de emociones, por no decir el mejor intermitente del amor.
El título de la canción es evocador, porque viene a ser la antítesis de la dulzura, la que por antonomasia no debería ofrecer un tiramisú de limón. Esto es, eso que siempre ofrecen las películas: la chica guapa siempre se va con el chico malo. El de la moto se lleva a la más bella del baile… Nos va la marcha, ¿no? Y eso lo canta como nadie y hasta la saciedad Sabina. Quien parece resistirse a que la protagonista del tema desordene su taller.
No en vano, la parte media del tema habla de una relación llena de excesos y control, de la que se acaba liberando el intérprete: “Pero esta noche estrena libertad un preso, desde que no eres mi juez, tu vudú ya pincha en hueso, tu saque se enredó en mi red”. Apabullante, porque el autor nos muestra con todas estas metáforas que ha pasado de nivel. Aire fresco.

“Una canción especial, doctrina Sabina”.

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Lo dulce y lo amargo, en una canción.

Ahora bien, como los sentimientos son así de traicioneros, Sabina habla de las cuestiones que le tienen atrapado y atado en torno a la protagonista de sus letras: las que le recuerdan lo peor, pero también las que le han dejado el sabor amargo en la citada relación.
“Tiramisú de limón, helado de aguardiente”; pero a su vez apela a lo que le tiene embaucado: “Muñequita de salón, tanguita de serpiente”.
Joaquín Sabina, por tanto, escribe sin tapujos, y habla de cómo el error en este caso tiene cuerpo de mujer.
“Al borde del precipicio jugábamos a Thelma y Louise”. Un símil de ese refrán recurrente que tantas veces hemos usado, en diferentes sentidos, de que el amor es ciego.
Precisamente algo muy frecuente en esos amoríos complicados, tras los cuales al menos una de las partes se da cuenta del error, lo lamenta, da carpetazo, pero es un carpetazo del que a veces se escapan algunas hojas…
El tramo final de la canción habla de ese momento en el que el lindo corderito en el bote de la amante furtiva y poseedora, a la par que distante, decide plantarse. Poner fin al caso.
Es ahí donde están más presente Pereza, de hecho, las voces de Rubén y Leiva son las más reconocibles en este espacio de la canción -aunque antes también aparecen-.
Por cierto, Sabina y Leiva volvieron a trabajar juntos, concretamente en el tema “Por delicadeza” del disco “Lo niego todo”. Otra maravilla para los oídos.

El maestro de las palabras.

Sabina es un maestro con las palabras. Estaremos de acuerdo en que eso es indiscutible.
Es, no me lo niegues, no, un sabio en vivencias. Fue durante muchos años el Mesías de los trasnochadores, el amigo que siempre te arrastra a la última copa que después se convierte en resaca… El demonio encima del hombro en constante disputa con el angelito del lado derecho.
A Joaquín Sabina no le hizo falta mili para poder contar batallitas de ser humano, de esas que tocan la fibra. Vinculadas casi siempre al exceso, al desamor, al amor… Al sentir de la calle, al frío del calor humano. Fue, es y será una referencia musical para todo aquel que se precie de coger una guitarra y componer.

VISTO EN REDES.

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