Interpretación de “Peces de ciudad”.

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Interpretación de “Peces de ciudad”, la joya de la discografía del maestro Joaquín Sabina.

«No encuentro palabras para poder describir esta canción. Como el arte mismo, es imposible dar un adjetivo, hacer alguna comparación… Simplemente “Peces de ciudad”, es “Peces de ciudad”».

Hay canciones que tienen una melodía especial que las hace únicas, hay canciones que tienen una letra tan lograda que cualquier verso tiene sentido por sí solo, hay canciones que al ser interpretadas por distintas voces renacen, hay canciones que nacen como un regalo, hay canciones que nunca pierden su vigencia. “Peces de ciudad” cumple con todos estos requisitos. La canción cuenta con una melodía muy armoniosa y pausada que nos traslada a los parajes que va describiendo.

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Hace tiempo en una entrevista Joaquín hablaba sobre sus dotes pictóricas, y comentaba que lo único que sabía y que le gustaba dibujar eran peces; yo creo que estos peces son los mejores que ha dibujado. Pancho Varona contaba una anécdota de esta canción, comentaba que una vez Joaquín estaba cantándola y en mitad de la canción se emocionó tanto que tuvo que parar y se puso a llorar; era la primera vez que le ocurría algo así.

“Se peinaba a lo garçon,
la viajera que quiso enseñarme a besar
en la gare d’Austerlitz.
Primavera de un amor,
amarillo y frugal como el sol
del veranillo de san Martín”.

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Peces de ciudad es una canción muy poética, muy artística y como tal hace innumerables referencias a lugares y personajes. No en vano la canción arranca en una estación de tren, lugar al que Joaquín ha hecho numerosas referencias a lo largo de su carrera; en este caso se trata de Austerlitz, una de las seis estaciones de tren que tiene París. No puede haber mejor punto de partida para una canción de amor y desamor que una estación parisina en la ribera del Sena. Para completar la postal, contamos con otra estación, la primavera en este caso. El veranillo de san Martín se conoce como la época que se encuentra a caballo entre el verano y el otoño, en el cual las temperaturas vuelven a ascender para posteriormente continuar con el descenso lógico. Se trata de un calor agradable, ya que es una forma de no querer desprenderse totalmente del verano, es un “me voy, pero me quedo” algo muy aplicable al amor.

“Hay quien dice que fui yo,
el primero en olvidar,
cuando en un si bemol de Jacques Brel
conocí a madmoiselle Amsterdam”.

Muchas veces nos vemos cegados por las apariencias, por la novedad, por la tentación o por el capricho y nos olvidamos de lo que tenemos. En este punto nos olvidamos de París y nos encontramos con Amsterdam. Este cambio no es trivial, en París te enamoras, pero los encantos de Amsterdam hacen que no te puedas negar a su llamada. Sin embargo, pasado el tiempo probablemente te lamentarás por haber abandonado París, y ya no podrás volver porque estarás en Amsterdam que a su vez es una canción de Brel en la que habla de las penurias que pasan los marineros allí.

“En la fatua Nueva York
da más sombra que los limoneros
la estatua de la Libertad,
pero en desolation row
las sirenas de los petroleros
no dejan reír ni volar”.

A todas luces se trata de una canción de amor, pero yo no la centraría únicamente ahí, también realiza una crítica a la decadencia del mundo en el que vivimos. De los sueños que se tienen y la realidad que te encuentras. Quizá por eso aparece la siguiente ciudad, Nueva York. En un lugar donde la libertad es el símbolo que la identifica mundialmente, la ciudad donde todo el mundo va buscando realizar su sueño, donde piensan que el éxito es algo que está asegurado. Es curiosa la situación que se nos presenta. Por un lado, tenemos a la majestuosa estatua de la Libertad, que podría verse como el hada madrina que permite que todo el mundo consiga lo que se propone. Pero navegando a su alrededor nos encontramos a los petroleros, que representan a la cruda (nunca mejor dicho) realidad, a los poderosos que vigilan constantemente el transcurso de la vida. Libertad, sí, pero con matices. No quiero pasar por alto el guiño que Joaquín hace a su idolatrado Bob Dylan haciendo alusión a su canción Desolation Row (además de ser un lugar de la bahía de Nueva York).

“Y en el Coro de Babel,
desafina un español,
no hay más ley que la ley del tesoro
en las minas del rey Salomón”.

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En un mundo como en el que vivimos, donde casi todo está regido por leyes hay ciertas cosas en las que la lógica nunca impera. Cuando tenemos como objetivo algo tan grande como el tesoro del rey Salomón, no nos paramos a pensar, no hacemos un plan estratégico; simplemente actuamos por instinto. En esos momentos no tenemos leyes, no tenemos imperativos morales, solo tenemos una meta y una firme decisión, cruzarla los primeros. Es en esos instantes cuando la naturaleza humana nos sorprende, cuando conseguimos sacarnos conejos de la chistera o se nos enciende la bombilla. Lo malo de estas cosas es que no todos tenemos las mismas metas, y no siempre son buenas.

 “Y cómo huir, cuando no quedan
islas para naufragar,
al país donde los sabios se retiran
del agravio de buscar
labios que sacan de quicio,
mentiras que ganan juicios,
tan sumarios que envilecen
el cristal de los acuarios
de los peces de ciudad”.

A lo largo de la canción vamos viendo como la decadencia es cada vez mayor, el punto de partida era esperanzador, pero estamos llegando a un punto de no retorno. Es aquí donde se ve más clara la crítica que se hace a la sociedad en la que vivimos y a los políticos en general. Casi todo el mundo reniega de ellos, critica sus formas, sus malas artes, y ahora en tiempos de crisis y corrupción mucho más. Sin embargo, todos somos peces muy pequeños en la inmensidad del océano, y nos tenemos que resignar a aceptar lo que tenemos en nuestra pecera particular. Los sabios, como bien dice Sabina, son aquellos que por fin se han dado cuenta que seguir luchando por las causas justas se ha convertido en aguantar en una batalla perdida de antemano. Si quieres ganar un juicio debes cargarte de buenos abogados, no de buenas razones; y por buenos abogados se conocen a aquellos que consiguen burlar la justicia, no a los que encierran a los culpables y liberan a los inocentes.

“Que mordieron el anzuelo,
que bucean a ras de suelo,
que no merecen nadar”.

DENYSE.
ZEZAS.

Muchas veces tenemos ante nuestros ojos anzuelos tan apetitosos que somos incapaces de no picar en ellos. Una vez que te han pescado, te encuentras a merced de ellos, aunque quizás no te des cuenta. También se da el caso de que aun viendo como otros pican, y pensando que tú no serás uno más, acabas pasando por el aro. Resulta curioso ver como hay determinadas circunstancias en las que, hasta el más bravo, el más listo, el más independiente acaba arrastrándose por el suelo.

“El Dorado era un champú,
la virtud unos brazos en cruz,
el pecado una página web”.

Seguimos en nuestro desencanto con la sociedad, en este caso se hacen revelaciones muy duras. El dorado era un lugar mítico que durante muchos años era buscado por infinidad de personas que ansiaban encontrar las enormes cantidades de oro que allí había. Como todas las leyendas, es muy probable que sea falsa. Sin embargo, es una técnica utilizada en muchas ocasiones, crear una ilusión que mantenga a la gente alerta y engatusada es algo que suele funcionar. Por otro lado, desde siempre se ha intentado mantener la tradición, asociarlo a lo bueno y demonizar todo aquello que sea innovar, que permita a la sociedad avanzar. Afortunadamente es una guerra que la ciencia le va ganando a la religión, pero que nunca terminará. Desde Galileo y su “y sin embargo se mueve” hasta la experimentación con células madre.

“En Comala comprendí
que al lugar donde has sido feliz,
no debieras tratar de volver”.

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Volvamos al plano personal que a la larga es el que más nos gusta de esta canción. La frase de este último fragmento es una de las que tengo presente, no siempre le hago caso y siempre acabo dándole la razón. Yo creo que a todos nos ha pasado alguna vez. Tras un viaje especial, o una buena experiencia vivida, siempre nos embarga la nostalgia y deseamos repetirlo. Volver al pasado es algo que no podemos hacer, por eso nos queda la opción de regresar al mismo lugar. Normalmente cuando el tema surge solemos decir que lo haríamos con los ojos cerrados, pero si lo hacemos casi siempre nos sentimos defraudados. Un buen recuerdo tiene la particularidad de que nunca se borra, es por eso que siempre estaremos comparándolo y en la mayoría de los casos nos sentiremos decepcionados empañando de esa forma el impoluto recuerdo que teníamos antes.

“Cuando en vuelo regular
pisé el cielo de Madrid
me esperaba una recién casada
que no se acordaba de mí”.

Llegamos al final de nuestro viaje, ese mismo que empezaba en París con una postal envidiable y unas expectativas aún mejores. El punto final es un aeropuerto, lugar bastante menos poético que la estación de tren. Y la viajera que se peinaba a lo garçon se ha transformada en una recién casada que ya no se acuerda de ti, alguien que probablemente ganará con mentiras uno de esos juicios tan sumarios que envilecen el cristal de nuestro acuario.

“Y desafiando el oleaje
sin timón ni timonel,
por mis venas va, ligero de equipaje,
sobre un cascarón de nuez,
mi corazón de viaje,
luciendo los tatuajes,
de un pasado bucanero,
de un velero al abordaje,
de un liguero de mujer”.

Está claro que la canción comenzaba con un sueño y termina con un desencanto mayúsculo. No obstante, siempre nos queda el último arreón, aunque sea desesperado y con pocos visos de llegar a buen puerto. A todos nos gusta ver en las películas de guerra como el soldado decide salir corriendo de su trinchera y, fusil en mano, arremete contra todo lo que se encuentra a su paso en una desesperada acción que consiga terminar con la batalla. También es cierto que, llegado a cierto punto de la vida, empezamos a apañarnos con menos equipaje, pero cada vez contamos con más historias y tenemos más tatuajes que nos recuerdan por donde no debemos volver a tropezarnos.

“Que perdieron las agallas
en un banco de morralla,
en una playa sin mar”.

Perder las agallas es algo demasiado habitual en nuestra sociedad, y verse inmerso en toda la morralla que nos rodea es casi inevitable. El resumen global de la canción es el relato del viaje de toda una vida, de cómo empezamos con mil y una ilusiones cuando todo nos parece precioso; pero en el ir y venir vamos acumulando recuerdos salpicados de cicatrices y decepciones que acaban moldeando nuestra percepción del mundo.

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