Hemeroteca de El Duende (en octubre de 1998)*

IMAGEN TOMADA DE LAS REDES SOCIALES.

El negro de su chaleco, el blanco de su camiseta. Con un cigarro en la boca sonríe y nos hace pasar. Al fondo, un sinfín de figuras de aires barrocos sobrevuelan un horizonte añil oscuro al frente, un ocre sincero de objetos muy viajeros; a un lado, cientos de fotografías que hacen las veces de “cuadernos de vida”. Un contradictorio-caótico, un defensor apasionado del presente.

¿Cómo es Joaquín Sabina?

Buena pregunta. Pues llevo muchos años tratando de no definirme. Contradictorio, lo cual es imposible de definir. Caótico-contradictorio.

Tus canciones se recrean en la tristeza, en la nostalgia. ¿Por qué esa insistencia?

Las canciones que yo escucho son las que enseñan a llorar, no las que enseñan a reír, para reír están los chistes o la vida, las películas o los amigos. Yo creo que las canciones deben servir para consolar, para llorar encima de un hombro que uno no tiene al lado. La melancolía y la tristeza son un territorio donde nacen estupendas canciones.

¿Nostalgia del pasado, misterio del futuro o don del presente?

No tengo la menor nostalgia del pasado, no estoy a favor de la nostalgia, estoy en contra, estoy a favor de la memoria. El futuro es una estrategia que se hace alguna gente para vivir a plazos y no vivir el presente. Estoy apasionadamente a favor de vivir el presente.

¿La música cambia el carácter? ¿Tú sabes que existe ahora una cosa que se llama musicoterapia?

La música, consuela. Es un perfume, un bálsamo, acompaña. Eso es más importante todavía que cambiar el carácter, que me temo que no se cambia mucho. Hay por ahí científicos, que dicen con serios motivos, que el carácter se hereda. El tender a la tristeza y a la alegría no tiene nada que ver con ser rico, pobre, listo, tonto. Va en los genes.

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